Tenemos una nueva entrega en nuestra serie de entrevistas con directores de comunicación de grandes compañías y organizaciones con motivo de la crisis que ha provocado el coronavirus. Hemos hablado ya con Anaïs Pérez Figueras, directora de comunicación de Google España y Portugal; Romina González Galetto, Regional Manager de Hootsuite en España; Miguel Ángel Uriondo, director de comunicación de Globalia; Pilar Urreta, responsable de comunicación externa de Ricoh; Pedro Serrano, director de marketing de Milanuncios; José Luis Arranz, director de Comunicación de HP; Miguel Ángel Calderón, director de comunicación de Amnistía Internacional España y Gema Aliaga, Social Media & PR Manager de Newskill. Hoy vamos con una de las principales ONG del mundo, Greenpease, y su directora de Comunicación y Fundraising, Edurne Rubio.

¿Cómo estás viviendo, desde un punto de vista profesional y de comunicación, este momento?

Para el equipo de Greenpeace, está siendo un reto responder con la comunicación al momento actual sin perder de vista la necesidad de seguir hablando de las otras crisis urgentes a las que nos enfrentamos, que son la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Un aprendizaje continuo en el que la calma, la mirada larga y la escucha han adquirido todavía mayor relevancia. 

Hemos revisado de arriba a abajo nuestras estrategias de comunicación, y hemos priorizado el social listening diario en canales digitales, así como otras herramientas de escucha como las encuestas a nuestros públicos. Desde el primer momento, hemos sido conscientes de que esta era una situación excepcional y que, en nuestros mensajes, era y sigue siendo fundamental contribuir a las soluciones

¿Cómo se ha gestionado desde Greenpeace el flujo de la comunicación?

Desde el principio, una premisa ha sido actuar con responsabilidad, responder con rigor y cuidar que nuestros mensajes sean sensibles al dolor de la gente. 

El tipo y tono de las comunicaciones de Greenpeace, en cualquiera de nuestros canales, ha ido variando también de acuerdo con el contexto. Desde el lanzamiento de la campaña ‘Greenpeace sigue contigo’ para acompañar a toda la familia Greenpeace en una coyuntura especialmente difícil; hasta el momento de plantear un modelo de sociedad distinto, que ponga la vida de las personas y el planeta en el centro, que es la fase en la que estamos ahora; pasando por señalar los vínculos entre el Covid-19 y la crisis medioambiental, el valor de la comunidad para cuidar de las personas más vulnerables o por qué no debemos utilizar para salir de esta crisis la misma receta que en 2008.

Para ti, ¿cuál habría sido la manera ideal de afrontar esta crisis desde un punto de vista de PR? 

Si las marcas tienen que ser siempre fieles a su propósito, esta crisis todavía ha evidenciado más esa necesidad y cómo ésta conecta con el momento vital de las personas que nos acompañan. En momentos complicados, en los que convivimos con tanto dolor por la crisis sanitaria que acentúa la desigualdad y la situación de vulnerabilidad, creo que tenemos la responsabilidad de centrar la comunicación en lo que realmente aporta valor, en lo que puede plantear un cambio en la vida de las personas. Prescindir de lo superfluo, quedarnos con lo auténtico, ajustar el trabajo a los recursos que tenemos con honestidad, sin aspavientos. 

 

¿Qué peculiaridades presenta una situación como esta para una institución como Greenpeace hablando en términos de comunicación?

Veníamos de un momento en el que la emergencia climática, por fin, ocupaba titulares y, lo más importante, espacio en la agenda política.  Empezábamos, como sociedad, a ser conscientes de los retos a los que nos enfrentamos y, lo que es más importante, de la crisis sistémica – ambiental, social y económica – que requiere cambios individuales y colectivos que impulsen la transición urgente hacia sociedades resilientes sostenidas por sistemas económicos que respeten los límites ambientales y sean socialmente justos.

El Covid-19 ha acelerado ese proceso y ha evidenciado la necesidad urgente de un cambio de sistema. En este sentido, el reto para Greenpeace es conseguir que no se den pasos atrás en esos avances conseguidos, y reforzar la idea de que la salida a la crisis sanitaria debe ser verde y justa. 

Otra peculiaridad como organización está relacionada con las formas de comunicar propios de Greenpeace. Por ejemplo, con el confinamiento y la distancia física, hemos renunciado a organizar las acciones de acción directa no violenta que caracterizan a la organización, o los eventos de voluntariado. 

 

¿Cuál ha sido el mayor reto para ti? ¿Teletrabajar con todo el equipo, desconectar…?

Creo que el mayor reto ha sido, por un lado, gestionar un nivel muy alto de incertidumbre y conseguir que el equipo se sienta cuidado,  en lo profesional pero también en lo personal. El cuidado de las personas ha estado en el centro desde el primer momento. Como ejemplo, desde el arranque de la crisis tenemos una campaña de llamadas a los socios y socias mayores de 65 años y en situación más vulnerable, con el único objetivo de lograr que se sientan acompañados como parte de la familia Greenpeace. 

En Greenpeace, hace tiempo que empezamos a introducir el teletrabajo para favorecer la conciliación, y por tanto tenemos la infraestructura necesaria para trabajar en remoto. La dificultad en este caso ha sido organizarnos para tener el menor número de reuniones posibles, favorecer la desconexión del equipo, buscar los espacios de encuentro informales… Al final, encontrar un equilibrio entre asegurar la escucha y poder dar las indicaciones estratégicas claras sobre los objetivos como equipo. 

 

¿Crees que esta situación hará que cambie algo en la forma de comunicar de las empresas/organizaciones?

Como activista que soy, creo que un cambio a mejor es posible, y lo que me gustaría es un cambio no solo en la forma de comunicar sino también la forma de actuar, de comportarnos. Creo que las organizaciones tenemos la responsabilidad y la oportunidad de plantear alternativas que nos permitan avanzar hacia formas de vida más justas y respetuosas con el planeta, y al mismo tiempo tenemos que saber comunicarlo de forma estratégica para llegar a las audiencias que van a contribuir al cambio. 

 

Como ciudadana y persona que consume mucha información en los medios de comunicación, ¿qué opinas de la cobertura que se está haciendo?

Creo que informar sobre la crisis sanitaria y social relacionada con Covid-19 ha sido desde el principio un desafío para las personas que se dedican al periodismo, que se han visto en la situación de tener que ofrecer información actualizada y veraz en un contexto muy cambiante y de mucho dolor, sin contribuir al miedo o la alarma social. Pero además, con ocasión de la crisis del coronavirus, hemos asistido a un nuevo repunte de los bulos sobre su origen, curación o medidas tomadas para abordarla. En un momento en el que necesitamos más que nunca nuestra inteligencia colectiva para imaginar soluciones comunes que no dejen a nadie atrás, la desinformación refuerza la polarización y socava el derecho a recibir información veraz, uno de los pilares de cualquier sociedad democrática.