noviembre

Vaya por delante que escribo este post desde la subjetividad más absoluta. Soy un fan enfermizo de Queen desde que mi padre me los descubrió al comprar en Simago la casete de “Made in Heaven”, y creo que no ha habido ni habrá un artista como Freddie Mercury.

Aún así, me queda algo de raciocinio para ser capaz de analizar cómo el autor de “Bohemian Rhapsody o We are the Champions es un ejemplo sobresaliente de creación de marca, aún cuando vivió ajeno a los medios durante toda su carrera.

A pesar de ser un chico formal y un gran estudiante, Farookh Bulsara, siempre tuvo claro que su destino era estar entre los grandes. De hecho, una de sus primeras frases al fundar Queen en 1970, y también una de las más recordadas, es: “No seré una estrella del rock. Seré una leyenda”. Y lo cumplió, llevándolo además al extremo.

Mercury entendió enseguida que tenía que crear una marca en torno a sí mismo, más allá de la del propio grupo. Y lo hizo tan bien y de una manera tan sólida, que hoy por hoy es un icono que está por encima incluso de su música. Y es que ya quisieran muchas marcas y muchos departamentos de marketing dar con la fórmula para formar parte del imaginario colectivo de la misma forma en que lo hace el bigote de Freddie.

Lejos de los medios

Desde sus inicios, Mercury quiso saber más bien poco de los periodistas. Estos fueron tremendamente crueles con él y con el trabjo de Queen al principio, así que decidió no conceder entrevistas y hablar solamente con los pocos plumillas privilegiados que eran de su confianza. Aún así, y evidentemente gracias a su enorme talento, la prensa, salvo algunas excepciones, terminó estando siempre del lado de la banda y de su líder.

Sus declaraciones estaban muy estudiadas, aunque él quisiera aparentar lo contrario. Medía cada palabra, como buen portavoz que era, y conseguía exactamente el efecto deseado. El cantante era muy dado a frases contundentes, controvertidas, de las de generar titulares inmediatos:

  • “Creo que me llevo bien con la mayoría de la gente. Estoy seguro de que incluso me llevaría bien con King Kong. Tenemos la misma edad y he escalado edificios más altos”.
  • “No me considero un líder. La persona más importante, quizás”.
  • “Si no estuviera haciendo esto, no tengo nada más qué hacer. No sé cocinar”.
  • “Cuando dejen de comprar nuestros discos, entonces diré adiós y haré otra cosa, tal vez me vuelva stripper”.

Detrás de todo esto, en las 24 habitaciones de su lujosa mansión de Kensington, se escondía un hombre inbcreíblemente tímido, introvertido, solitario y atormentado por muchos demonios. Y precisamente ahí está parte de su éxito creando marca, comunicando, ya que el que no sea fan de Queen sólo conocerá al showman arrollador y excesivo, justo lo que a él le interesaba que trascendiera.

Constancia, paciencia y confianza

Si Mercury logró convertirse en un icono no fue precisamente por el apoyo de los genios del marketing. La banda no tuvo nunca detrás una maquinaria dedicada a que fueran los números 1 o a que ocuparan la portada de la Rolling Stone todos los meses. Fue más bien al contrario.

Sí recibieron cariño en EMI, pero nunca fueron su “producto” más importante, y es que, de hecho, como el propio Brian May me confesó un día en una entrevista, estaban a punto de tirar la toalla, casi completamente arruinados, cuando él éxito de “Bohemian Rhapsody” les colocó en el olimpo de la música rock internacional e impulsó su carrera definitivamente.

Por eso todos los miembros de Queen supieron ser una piña hasta el final, jugando cada uno un papel diferente pero siendo todos magníficos portavoces. En este sentido, Mercury fue un ejemplo de constancia y dedicación, siendo un modelo perfecto de lo que hoy en comunicación llamaríamos campañas “long tail”.

De hecho, la grabación de “The Show Must Go On” (que no es, como muchos consideran, el testamento musical de Freedie, ya que este lo fue “Mother Love”, última canción a la que puso voz, o, en todo caso, “These are the Days of Our Lives”, cuyo vídeo grabó poco tiempo antes de morir y donde se despide tácitamente de todos sus fans) ilustra muy bien su perseverancia a la hora de mantener su marca personal hasta el final.

La letra, escrita a cuatro manos por May y Mercury, resume su vida y carrera, y nos muestra a un Freddie que acepta tranquilamente su inminente final. Los productores, y la propia banda, dudaban de la posibilidad de que el cantante pudiera llegar a grabarla debido a que estaba pensada para un registro vocal muy alto, por lo que el propio Brian preparó una demo cantando en falsete para mostrársela a su amigo, ya muy enfermo por el SIDA. Al transmitirle su preocupación, el del bigote le dijo, tomando un largo trago de vodka de una botella que tenía a mano, “I’ll fuckin’ do it, darling”, grabando el tema en una sola toma, consiguiendo registros altísimos y regalándonos una canción absolutamente imprescindible en la historia de la música.

Personalmente creo que hay muchos puntos de la vida de Freddie Mercury que podemos aplicar al PR y que su forma optimista y valiente de entender la vida también son aplicables al día a día de cualquiera pero, como ya he dicho, no soy objetivo. Lo que sí tengo claro es que hay pocos casos como el suyo en lo que llamamos “creación de marca personal”, así que ya estamos tardando en estudiarlo como caso de éxito en escuelas y universidades…

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